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Puesta a germinar


Ilustración de Ester Gili


Puesta a germinar


Julieta suspiró. Ya iban dos horas caminando y su compañera, irónicamente, tenía más vitalidad que ella. Cuando Julieta se había subido al auto y se había encaminado a Tandil, no se imaginó que todos los hoteles estarían llenos por el receso invernal de los infantes y que, entonces, tendría que compartir habitación. Menos que menos imaginó que terminaría escalando una montaña no turística con esa extraña como guía.

Vivi le había dicho que ese lugar era una de las joyas ocultas de Tandil: el viento hacía revolotear a los sapos neón. Era copada la flaca. Hicieron buena onda casi al instante. Capaz eso la alentó a pedirle semejante favor. Eso o la desesperación, nomás.

Como sea, no esperó mucho. A la segunda noche, después de cenar, sentó a Julieta en su cama y le explicó el plan. Fue al grano, apelando a la más profunda humanidad. Julieta se había quedado dura: pensaba en el helado frío en verano, en los ríos caudalosos y el jugo de naranja recién exprimido. También la inundaron imágenes de cárceles frías y tapas de prensa. Vivi le soltó su última esperanza:

-Sólo tenés que aplicarme esto -dándole golpecitos a la jeringa- y quedarte conmigo.

Fue como un balde de agua fría. A fin de cuentas, nadie queda para semilla y la fruta siempre es agria cuando una no la desea. Hacía unos meses que Vivi había tomado la decisión: quería hacerse tierra en ese lugar, tranquila, pero le inquietaba la idea de irse sola. Julieta no podía negarle ese derecho. Ella bien sabía todo lo que pesa la soledad.

En la cima, Vivi se recostó sobre una piedra e inhaló con fuerza. Cerró los ojos y Julieta le puso cerca las flores que había estado juntando en el ascenso. Le inyectó el sedante en el brazo. Los músculos se le iban relajando a medida que el líquido entraba en sus venas y las armonías de esta tierra por sus oídos. Atardecía y los destellos del sol poniente le armaban un sendero. Julieta cantó desde la base de su pulmón y las canciones y los sapos enroscados en el viento acompañaron el viaje.

Natalia Rótolo, 2021

Recuerdo otoñal

Holu! Cómo va? Hoy les quería compartir la primer tarea que tuve en Taller de Expresión 1. Teníamos que contar en 200 palabras la primera vez enfermes/accidentades. Es un re desafío lo del límite de palabras pero es re necesario (y llega hasta a ser divertido lo-quí-si-mo) 


Recuerdo otoñal

Hoy es uno de esos días grises, que acentúan los tonos naranjas. La luz entra a caudales por los ventanales de la planta baja. Las maderas de la reposera instalada en el living tienen rugosidades y mis dedos las recorren sin descanso. Un misterio se oculta en esas grietas, estoy segura.

Adentro mío se está librando una batalla, como las de San Martín y sus valientes granaderos. Mamá me dijo que mi cuerpo arde por eso. Hay un ejército rojo y otro blanco que están peleando para mantenerme bien. Lo que tengo que hacer es tomar mi jugo de naranja para recargarles las municiones y quedarme en la reposera, tapada con la frazada de lanas de colores y cariño. Mi parte en la guerra es esa: una reposera, un jugo, la voz de Bob Esponja de fondo y el libro rojo que mandó la Señorita Nora. 

De tanto ser un campo de batalla, mi cuerpo está cansado, pero cumplo noblemente mis tareas para que no muera ningún granadero. Jugamos todo el día con mamá y, como si fuese una ironía, me siento terriblemente viva. Aunque el cielo esté gris, todos los colores son vibrantes. Sin duda, veo mejor en otoño.


Atardecer en el Ombú- otoño/invierno 2020.
Natalia Rótolo


Cuentenme si alguna vez escribieron con límite de caracteres/palabras o si esta consigna les sirvió como disparador. Comenten si lo escriben, por fa! 
Beso, 
Naty

Al rojo vivo- Una nueva presentación de mi persona

Buenas! Pasó mucho tiempo desde que creé este blog y, de repente, me pareció necesario compartirles cómo me narro a mi misma. La hice para una materia de la facu (Taller 1 Klein 💚). Así que, acá va mi (mini) autobiografía.


Autorretrato, 2020.

Al rojo vivo

Nací en pleno incendio de 2001. Con otro tipo de brasas, muchas mujeres han hecho hogueras para invocar libertad. En Roque Pérez, mi bisabuela, un fuego bravo, decidió huir con mi bisabuelo a construir la vida que querían. Así llegaron en 1948 al conurbano bonaerense: "Tierra de ilusiones y esperanzas", como dicen algunos carteles en la calle.

Somos un collage de los fuegos que nos deslumbraron. Cuando tenía ocho, la primera mujer presidenta se animaba a hacer lo que todos temían. La vi con sus tacones rosas en un mundo de esmóquines y quedé irremediablemente marcada. Que una puede ser lo que quiera ser, me lo enseñó Cristina, no Barbie.

Algo así me pasó cuando vi por primera vez a Malala Yousafzai. Estaban pasando su discurso de la ONU en Encuentro, su voz hizo que levantara la vista de mi dibujo. Contó que, en Pakistán, el régimen talibán no les permite a las chicas estudiar, pero que ella se atrevió a reclamar por el derecho a la educación y a incentivar a otras a hacerlo. Por eso, le dispararon en la frente. Ahí me cayó la ficha. El mundo es distinto para nosotras y nuestros derechos más básicos están a un golpe de derecha de volver a ser negados. Desde ese momento, ir a la escuela ya no era algo “natural”: era el fruto de una lucha, un derecho no conquistado en su totalidad y de defensa permanente.

Unos años más tarde, me empezaron a decir fundamentalista. Con ese discurso me incendié. Unas mujeres de la tierra de esperanzas, las Barrias, me mostraron que la lucha es conjunta, pero más que nada es abrazo. La primera trinchera es el cariño entre nosotras. Cuando transité mi más cruel invierno, las compañeras se acercaron y me enseñaron a abrasar el miedo. Quemar lo viejo, fertilizar con las cenizas y abrazar los brotes.

Me habían dicho que la noche de la entrega de diplomas del secundario era un momento especial, pero recién ese día lo sentí así. Mensajes volaban en el grupo de amigas: era un logro compartido. Unas horas antes de ir, me preparé. Rulos, ropa, perfume. Faltaban los accesorios… Un mes antes había perdido uno de los aritos circulares de mi abuela, cómo puteé ese día. A Chicha la conozco mayormente por historias, pero la siento siempre cercana. Esa noche era infaltable que esté: me estaba egresando y ya estaba anotada en la facultad. Mientras revolvía entre pulseras y aritos, la recordaba. Le encantaba estudiar, pero no la dejaron cursar la secundaria porque era mujer. Ella nunca se resignó. Encontré una de sus pulseras. Cuando mi nombre sonó por los altavoces, me levanté del asiento y mis borceguíes sonaron con eco. Arriba del escenario, puse los dedos en V con mi diploma y las perlas rojas de la pulsera brillaron. Entonces supe que mis pasos tienen historia.

Aguas


Me sumerjo en el agua como si fuera volver de alguna forma al útero. Renazco en cada subacuático, los pulmones se me llenan de vida en cada brazada, admiro los anillos que crean mis dedos al entrar al agua, miro las burbujas de la respiración paulatina. Después de cuatro años de no nadar, volver es casi como renacer. A medida que avanzo los pensamientos se aclaran y pareciera que vuelo.  Los pies van y vienen a su propio ritmo, divertidos de retomar ese vaivén acuático.
Llego al otro extremo, terminamos. Les compañeres van llegando y se acercan demolides a las botellas. Un chico de nariz aguileña, con aspecto de cuervo mira, evalúa y se va acercando cual ave carroñera. La profesora da una actividad tranquila: 100mts de pecho. Salgo y vuelvo a mi ciclo de admiración. Es increíble que haya pasado tanto tiempo distanciada de algo que me hace tan bien. Ya en los últimos metros se me escapa una risa, que viaja en una burbuja para explotar distención en alguna otra parte.
Tomo un poco de agua y el cuervo viene agotado. Con mirada lasciva reflejando las ansias de una nueva conquista, empieza a tratar de entablar una conversación. Se embarra y contradice a las pocas palabras, el silencio lo confunde y una respuesta sarcástica lo termina de descolocar. “Nunca te miré mucho, me resultas conocida pero no... Bueno, sí, te estaba mirando. ¿Sabés por qué te miraba?” Se me levanta una ceja, ¿qué pelotudez llegará a decir este intento de langa? Pensé en una o dos, divertida ya de tanto paki.
  -Porque me molesta mucho que una mina sea más rápida que yo. Lo mismo me pasó con ella -Mira a la profesora, de unos dos años más que él-, no la pude alcanzar nunca.
El tablero se da vuelta y la respuesta me descoloca a mí. Ni siquiera el cloro pudo secarme tanto alguna vez. ¿De verdad me está diciendo eso? ¿De verdad es tan de manual esto? Si lo contara, parecería mentira de tan burdo que es.
-Y, encima, ¿cuántos tenés? 15-16, ¿no? - continúa envalentonado por poder al fin decir eso. Casi que se podía ver el pensamiento en sus ojos: “a esta la hago comer de la mano como buen macho dominante”
-16 recién cumplidos. - contesto sin dejar el shock de tal repentino arranque.
-Bueno, y encima sos una pibita de 16 años… y sos más rápida que yo. – agrega, casi con la libido en la lengua, el fiel seguidor de “La cátedra del macho” de Coco Sily. - Ahora hice trampa porque te quería alcanzar… Me fui en pique de crol una parte y no te llegué ni a tocar los pies.
Si el músico facho es un milico con guitarra, éste es un macho con patas de rana. Me quedé en silencio, viendo el ejemplo de machismo teórico más claro del mundo. Los galgos de ese esquema patriarcal de relaciones tóxicas tirados, me asquearon. El agua se volvió hielo duro y denso. No le respondí con el machismo internalizado y con la complicidad que esperaba, ni siquiera el atisbo de una sonrisa se divisaba en mi cara. El de la nariz de águila lo supo y tomó agua, un poco para hidratarse y otro poco para disolver la tensión del aire. No era su día de aciertos, se ve.
Hicimos algunos metros para elongar los músculos y salimos. Ni el agua ni el juego de burbujas pudieron volver a distenderme.
Todavía dura de tantos impactos, caminé hasta casa. Y recién ahí, a metros del portón naranja tan distinto al fondo celeste de la pileta, se me ocurrió el revés pichotesco que canalizaba toda mi inverosimilitud y toda mi bronca: “¿Sabés? Además de ser mina, tener 16 años, no nadar desde hace 4 y, adiviná, ser feminista, soy más rápida y más estable que tu masculidad.” Hubiera sido letal.



Foto: Simone Manuel, primera nadadora afroamericana en ganar los Juegos Olímpicos 

Preparadas contra la impunidad

 Lo primero que piden quienes quieren defender abusadores/violentos es que hagas la denuncia "ante la justicia". No se preocupan por tus tiempos ni procesos: ir a denunciar es duro, pero también puede ser sanador cuando une está liste.
 Contar cosas que para vos son dolorosas o traumáticas, es difícil. Más si se lo vas a contar a alguien que nunca viste o cuando peritos/fiscales tratan de preguntar cosas para que te equivoques. No es fácil denunciar. Y no estamos preparades inmediatamente después de episodios fuertes para enfrentar todo eso, aunque los funcionarios cuestionen si pasa mucho tiempo.
Frecuentemente es argumentado que es muy grande la cantidad de denuncias falsas, tanto que ese es el discurso más dominante cuando hablamos de violaciones o abusos. Nadie que no necesite denunciaría porque no es una situación grata y son cosas serias. ¿De verdad alguien mentiría con algo así?
 Luciana Peker, periodista y desde hace más de 10 años acompañante de denunciantes por abuso/violación, dice que las denuncias falsas son un mito. En esta línea, Alejandra Morcillo, directora de Violencia Familiar del Ministerio Social de Córdoba, declaró que asisten integralmente a 10.000 víctimas por año y que los hechos denunciados siempre fueron reales. Aparte hay que mencionar que muy pocos de los hechos llegan a denunciarse.
 Hacer hincapié en las denuncias falsas, ayuda al descreimiento sistemático de las víctimas y hace que sea mucho más difícil hablar, allanándole así el terreno a los violentos de siempre. Hay una costumbre súper establecida en nuestra sociedad de cuestionar y revictimizar a las víctimas: en el día a día, en funcionarios no capacitados con perspectiva de género, en los medios... De los abusos no se habla, pero cuando se hace, es para cuestionar qué tan víctima se es. Es decir, esto es otra forma de proteger y elegir el lado de los violentos. Revictimizar es ser cómplice.
 Cuando una está lista y puede bancar el peso de la decisión de denunciar, es una acción que por toda la seguridad y entereza que da. En esta sociedad que cuestiona tu palabra, poder contar tu historia y defender tu verdad es un gran alivio. Además es el aporte que podemos hacer para sacarles la impunidad a los machos y que, en todo caso, ellos sean los que vivan con la vergüenza y los cuestionamientos. Nosotras luchamos por una vida digna y en paz, sin impunidad y privilegios para quienes deciden lastimar.


Y ahora que estamos juntas


En la marcha del Encuentro Plurinacional de Mujeres, Lesbianas, Travestis, Trans, Bisexuales y NoBinaries estamos todes. Todes somos distintes, pero sabemos que para estar ahí no sólo tuvimos que tomar un bondi o un tren. Fue mucho más: la vida misma



Salí de mi casa con mamá y el pañuelo en la cartera, como siempre. Para llegar a La Plata tuve que tomar dos micros, pero diría que no fue sólo ese el trayecto. Para que el 13 de octubre yo haya ido al Encuentro pasaron muchas cosas y recorrí más que los 45km que separan mi casa de la ciudad de las diagonales.
Fueron años y años de búsquedas y cuestionamientos.
A los 8 había cosas que no me cerraban como la distribución nada equitativa de las tareas de la casa. Pero no fue hasta que vi en Encuentro un documental sobre Malala Yousafzai que entendí que el problema era mucho más grande. Desde ahí empecé a formarme en el tema de género muy de a poco. La palabra feminista seguía siendo una mala palabra, de esas que NUNCA se pueden decir.  A los 14 cuando todas mis amigas ya habían dado su primer beso, a mí no me cerraba la obligación de besar a un varón, pero terminé cediendo porque sentía que una no puede ser siempre “la rara”. Lo mismo pasó con la depilación: a esa edad ya los pelos estaban socialmente desaprobados y había que sacarlos sí o sí.  A los 15 no quise ser princesa, estaba pensando en otras cosas. Cuando debatía o simplemente pedía respeto o los derechos básicos para un ser humano, me decían “feminazi”. Primero lo negaba, explicaba, me ponía nerviosa la desinformación y esos ataques “sin sentido” me ponían de los pelos. Después de unos cuantos “feminazi”, llegué a la conclusión de que “feminista” no era una mala palabra, era la única opción para poder ser libre y yo ya estaba en ese camino, quería eso para mí y para todas las otras. Creo que esa es una de las primeras nociones que tengo de que, como siempre decimos nosotras, lo personal es político. También que ese “insulto” era un odio/miedo hacia la independencia y la libertad de le otre a decir lo que piensa.
A los 16 leí un montón de cosas, me nutrí de perspectiva de género y de teoría queer. Aprendí sobre mansplaining, “hacer gas de luz”, amor libre, pansexualidad y distintas diversidades sexuales. Con esos recursos pude liberarme de un montón de cosas y creo que pude ayudar en la liberación de otres. Recién ese año puede sacar del closet mi amor al pop y a Taylor Swift, a quien escuchaba en secreto por toda su reputación y el desprestigio del género. Cuando mostré mi apoyo a la Comunidad LGBTIQ+, me trataron de rara y tuvieron “miedo” de que no fuera hetero. Spoiler: cumplí 17 y al poco tiempo descubrí que no era paki.
Transitando la vida como mujer en una sociedad patriarcal, el feminismo me salvó de un montón de cosas: cuando no quise tener sexo, me validó; cuando me acosaron en la calle, me abrazó; cuando sufrí un intento de abuso sexual, me contuvo y me dijo que el problema no era yo; cuando nadie de la que consideraba mi familia (salvo mi heroica mamá) me creyó, el movimiento me dijo que no estaba sola, que nos había pasado a muchas y que me creían; me dio una familia nueva, un montón de mujeres me adoptaron y me eligen para compartir su vida; me acercó a un montón de cosas y de personas; me hizo sentir libre y con mucha fuerza; me hizo pensar cosas que nunca se me cruzaron, me enseñó a hablar, a decir lo que pienso, a respetar a cualquier otre y sentirse orgullosamente diversidad… El feminismo me abrazó y me enseñó sobre el derecho a ser felices. Aunque sólo me hubiera aportado eso último, creo que valdría más que la pena. ¿Qué es más importante que la esperanza, el acompañamiento y la determinación de una realidad mejor?
Luego y mientras esos abrazos, yo también abracé a otres porque el feminismo es eso: una red de amor y sororidad. Sembré ideas, debatí para que pensemos juntes, consolé, me encontré con compañeras que necesitaban saber que no estaban solas... Aunque algunas de esas compañeras que no estén en la misma línea ideológica (ahora capaz que se sienten a apeladas por los pañuelos celestes, por ejemplo), siempre vamos a estar con ellas porque nosotras somos transversales y al feminismo lo practicamos en cada acto de acompañamiento y amor a le otre. Siempre vamos a estar. Siempre voy a estar abrazando para sanar(nos). 
Ese día de principios de octubre estuve ahí marchando por todes, por les que estamos en la lucha y por las que todavía no pudieron abrir los ojos. Marché por todas nosotras, por todes para poder tener un mundo más justo.
En 1 y 60, donde nos dimos cita para empezar a marchar, había un montón de otras personas. Todas apretadas, estábamos ahí porque a todas en algún momento nos abrazaron y por eso pudimos empezar a abrir los ojos y ver. Ahora sí que nos ven, ahora sí que nos vemos. En cada metro de marcha, en cada mirada cómplice en la calle, ahora nos reconocemos y sabemos con una certeza absoluta que por más distintas que sean nuestras historias, ahora estamos acá juntas.
Siempre que vamos a La Plata tenemos que tener cuidado con las diagonales porque te llevan a lugares inesperados. Me da la sensación de que llegamos cargando nuestras historias como si hubiésemos tomado la diagonal 74: medio por las serendipias de la vida terminamos ahí, hermanadas. Esas diagonales nos juntaron en la misma lucha.
Para llegar ahí, las compañeras de toda la Argentina no viajaron solamente todos esos kilómetros. Para poder estar ahí hicimos un largo camino que excede tiempos, cuerpos, personas y lugares. En ese momento no sólo comulgamos nuestras trayectorias, llevamos en el fuego de nuestra alma todo lo que otres nos supieron aportar desde los principios de la historia. Llevamos con nosotras el derecho al voto y los ideales de Evita, la determinación y la fuerza de Juana Azurduy, la valentía de Virginia Bolten y de tantas, tantas otras.
En ese momento, en cada paso que dimos en esa marcha, en cada palabra y mirada que compartimos se encuentra el fruto de todes les que lucharon y será la semilla explosiva para la igualdad y la justicia social que nosotres les vamos a regalar a nuestres hijes.




Nov. 2019
Natalia Rótolo

El lenguaje como constructor de realidades



En estos tiempos en los que nos replanteamos todo lo impuesto y que estamos deseoses de una sociedad más igualitaria, el primer paso que tenemos que dar es apelar a lo más básico, a lo que nos hace humanos: nuestro poder de construir las realidades que transitamos con las palabras.
Liliana Bodoc dijo, cuando le entregaron el Doctorado Honoris Causa en la UNCU: “Las palabras, el silencio y los símbolos, sustento de la literatura, no son una construcción ilustrada, no son resultado de la erudición… Es la cultura toda la que bombea ese caudal.”. Los seres humanos somos seres sociales, por ende, somos cultura viva. Y nuestro lenguaje, la forma en que comunicamos nuestros sentires y que da lugar a nuestra identidad, es un espejo de eso.  A pesar de que haya gente que se resigne a las modificaciones lingüísticas amparándose en que se perdería lo literario, ¿no podríamos pensar que si liberamos al lenguaje llegaríamos a una mayor creatividad y representación? Los cambios que atraviesa nuestra sociedad se ven reflejados, en mayor o menor medida, en el lenguaje. Mientras que los neologismos definen nuestras problemáticas y qué pensamos, la gramática del idioma define cómo vamos a estructurar lo que nos pasa y cómo vemos el mundo.
La perspectiva de Lengua y Literatura en Argentina tiene como eje el denominado “Reflexión sobre los hechos del lenguaje”. Desde este punto, podemos cuestionar cómo se transformó el castellano cuando viajó a América de mano de los sanguinarios conquistadores. En este caso, el lenguaje se fue adaptando a través del tiempo a la forzada nueva comunidad de hablantes. Así fue como fuimos dejando los “vosotros”, los “dícese” y demás formas del castellano antiguo. María Julia Amadeo, magister en Ciencias de la Educación y Directora de Planificación de la Calidad Educativa de la Dirección General de Escuelas, hizo referencia a la apropiación social del lenguaje: "Primero debemos considerar que la lengua es un instrumento para el uso de los hablantes y que tiene en sí misma todos los recursos para responder a sus necesidades comunicacionales. En este caso, algunos hablantes o colectivos necesitan dejar explícito en la lengua algunas inquietudes que no son de origen lingüístico, pero sí socio cultural, como es en este caso la visibilidad de género".
Para ejemplificar esto, el colectivo afrodescendiente exige que la lengua no sea racista con el uso de expresiones como “trabajo en negro” para referirse a la explotación, al anonimato y a malos contratos de trabajo, y el colectivo feminista y LGBT+ cuestiona la anulación de los géneros no-masculinos en el español, buscando arribar a un lenguaje inclusivo en esta época donde las clasificaciones mujer/hombre quedaron anticuadas. “(…) pensar en la ruptura de los cuerpos y los géneros implica también un lenguaje para explicar lo que escapa del binario”, alega Mario Vargas, sociólogo y activista LGBT+.
Si bien la RAE siempre tuvo en claro que el lenguaje se adapta a las necesidades de les hablantes y por esto agregó 1697 palabras entre 2007 y 2011(entre las cuales se encuentran los anglicismos tan usados: blog, friki, spanglish, dude y cripear), aún en 2019 no ve que el lenguaje inclusivo sea realmente masivo. Tampoco reconoce la disparidad de nuestro idioma y niega la necesidad de incluir desde lo más básico e inherente de la naturaleza humana: la palabra.
El lenguaje está vivo y le pertenece a les hablantes, ninguna organización, mucho menos una colonialista que haya abalado la masacre de otras lenguas, puede determinar lo que es o no correcto de usar. Romper con el binarismo de género y con las demás opresiones que llevamos en lo más profundo de nuestra habla, es hacer al menos la mitad del camino hacia la igualdad social porque la forma en la que contamos lo que nos pasa, es, en definitiva, la construcción que hacemos de nuestra realidad.

A la hoguera- Crónica

Hola, vengo a compartirles esta crónica que escribí hace unos meses. ¡Espero que les guste!

“A la hoguera”
Salgo con la bicicleta con fuego por pies y con muchas ganas de encontrarme. Esto deja que el viento pueda borrar las sensaciones de malestar que me inundan.
 Las calles van pasando rápidamente. Las imágenes pasan volando por mis costados. Nada es estático. Llego finalmente al lugar donde pasé tanta vida. Me dirijo a mi lugar favorito del bicicletero, pero a diferencia de las veces anteriores, cambié de bici y de vida. Veo que la cana sale de su cabina, con el letargo que todes tenemos un miércoles a las 15hs de la tarde. La planilla que está en sus manos amenaza.
 Pongo la cadena y mientras guardo la llave en mi morral anaranjado. Los ojos marrones profundo de esa mujer policía tenían guardados incluso superficialmente una pesada moral. “Buen día”, sale melodiosamente de mi boca. Áspera contesta y pregunta en un graznido “¿Sos mayor de edad?”, medio adormecida por la calma y los colores de ese lugar respondo que no. Inmediatamente sus facciones cambian y me doy cuenta de mi error. No pareciera tener mucho lugar para la sonrisa. Con tono de militante de la clandestinidad, me cuenta que no dejan entrar jóvenes solos.
-¿Sabés que este es un lugar privado?-apuñala- A los de 17 y 18 no los dejamos entrar solos. Capaz te confundís porque los fines de semana sí. Las chicas están haciendo desastres… Rompieron todo, ¡hasta los baños!
Me acordaba cuando decía esto de una animada charla en Córdoba. Una mujer de unos casi 40 años hablaba del negocio que hacían esas santas monjas con los abortos clandestinos y con una estampita de la Santa Abortista revoloteando de mano en mano, las mujeres-ya adultas- soñaban con vengar hipocresías. Durante los debates, en muchas de las paredes de ese recinto sagrado se pegaron papeles de “Sí a la vida”.
 Mientras pienso en esas rebeldías de la franja de la prohibición, los puñales siguen saliendo.
-¿Te pensás encontrar con alguien?-mira esperando que le confiese un plan súper producido de una orgía. Contesto que no y me callo todas mis preguntas(¿encontrarme conmigo misma no cuenta?). Con una moralina asesina en los ojos me cuenta el plan de las malvadas “parejitas”. -¿Qué venís a hacer acá?
Ahí llegó el colmo de la cuestión. No pude evitar mirarla con todas las sensaciones que tenía. Respondí todavía incrédula con la respuesta vaga de la monja de informes. Consideró que la respuesta fue lo suficientemente aceptable como para cumplir con su bondad del día, así que muy ceremoniosa me deja pasar. Me doy vuelta y sigo mi camino, pero ella me grita que se olvidó de algo: me da un sermón con una veintena de reglas y me pide el nombre y el DNI.
 Respiro y me alejo. Ya no llama. Son las 15.20 y ya puedo empezar. Voy cumpliendo la regla de no pisar el pasto y me siento a escribir en un banquito, de repente unas señoras pasan hablando muy alto y caminando sobre el pasto: tendrían dos multas. Empiezo a caminar otra vez y encuentro en uno de los caminos a un chiquito de 9 años, caminando completamente solo y observando todo a su alrededor. Una “parejita” de unos 30 años elige un banco más allá, se acomodan e inmediatamente empiezan con esas cosas de “parejitas”. Si tuvieran 17 años eso equivaldría a una expulsión sin dubitación alguna.
 Las letras no paran de brotar en mi cuaderno, la claridad comienza a surgir. Las señoras de antes pasan por uno de los senderos cercanos con el nenito ese. Paran en un árbol con un montón de hojas secas. Corren a una batalla otoñal. Luego de un rato el chico agarra un palo y empieza a golpear los árboles que rodean el cementerio. Una de las señoras entra y lee las tumbas. Increíble es la cantidad de infracciones que acumulan.
 Termino de escribir, voy al bicicletero, saco mi bici y mientras saludo a la que en definitiva es también trabajadora, me pregunto si le debo informar todas las infracciones adultas o supervisadas que hubo.
Desisto de la idea y pedaleo hasta casa. Hago una parada para cargar la SUBE en la lotería. Mientras espero, hablo con uno de los hombres siempre instalados ahí y aprovecho para militarla. Llego a casa y abro las ventanas para seguir aireando el alma. Todas esas letras cultivadas esa tarde se prendieron en un fuego a las 18.30.





🌈🌈🌈🌈
Espero que les haya gustado 
¡Nos leemos!
Nati

A la hoguera: Se deshace lo que se detesta 






Ensayo: No podrán detener la primavera

El 26 de Julio de 1952 fue la muerte física de Evita y me acordé de que no hace tanto escribí para literatura este ensayo sobre la desaparición posterior de su cadáver. La consigna no me permitía extenderme mucho más, así que esta fue mi manera de ensayar hilando con los cuentos sobre peronismo que leímos en clase.
No pude subirla en la fecha conmemorativa porque estuve de viaje y no tuve suficiente internet; pero no quiero perder la oportunidad de hacerles llegar este escrito para transmitirles que Evita vive en cada unx de nosotrxs.

☀☀☀☀☀

La iglesia siempre termina jugando con y para la oligarquía, aunque esto desafíe sus "principios" y sus bases ideológicas. Esta entidad que aún seguimos venerando se opuso a la independencia, al fin de la esclavitud, al voto femenino, a la  reforma universitaria, a la salud pública y a los derechos LGBTQ+, en cambio, estuvo a favor del genocidio de los pueblos originarios, los 6 golpes de Estado, el terrorismo de Estado y el famoso bombardeo a la plaza. Entre estas últimas, muy ligado con su pensamiento fascista, han ocultado el cuerpo de Evita. Durante todo el tiempo que lo profanaron con los militares, el pueblo se llenó de dudas e hipótesis, aunque nadie tenía algo concreto. Tras esto, el movimiento social auspiciaba a la creación de historias con el fin de canalizar los miedos y las inquietudes que andaban en el aire. El peronismo inspiró muchas historias tanto literarias como reales, siempre caracterizándolas por una cosa: la pasión imborrable. Descontando afinidades personales e ideológicas, todx quien se haya topado aunque mínimamente con el movimiento peronista, ha sido despojado de la indiferencia y llenado por una ola participativa y pasional. Por ejemplo esto se nota cuando en el mundo literario comparamos a los de textos de  Borges con los de Walsh, dos escritores muy buenos desde la técnica, pero que dejan entrever sus ideologías políticas y sus puntos de opinión sobre el momento histórico que les tocó vivir; Borges queda resentido y lastimado, casi particularmente tocado, por el Peronismo cuando le sacan la dirección de la biblioteca y desde allí traslada su visión a sus textos, Walsh en cambio plasma un retrato muy distinto del movimiento, aunque terminen hablando, con una pasión muy fuerte, de los mismos acontecimientos.

 A la iglesia tampoco le fue indiferente, si bien algunos curas trabajaron por la justicia social, a algunos dirigentes les convenían los manejos neoliberales, más allá aún de su culto. Para sacarles la revolución al pueblo, armaron una tamaña contra-revolución, que dio como resultado la dictadura militar algunos años después.

Luego de instalar el terrorismo de Estado, nos sacaron lo más preciado y simbólico que teníamos: la figura de Evita, luego de su muerte. Robar el cadáver no sólo fue morboso, sino que fue una estrategia muy bien pensada por todxs ellxs para que además de que nos sintamos desprotegidos, el modelo de país pierda fuerza.

 La ocultaron por 14 años por ser el emblema del movimiento empoderador peronista por excelencia. En 1971 se la devolvieron a Perón. Temían que el pueblo despierto la tuviera cerca como una inspiración y armara una revolución mucho más potente que la que era antes. Le siguen teniendo miedo al pueblo consciente, empoderado y que es ciudadano y patrio cada día.
 No lograron sacárnosla, como dijo Tomás Eloy en Santa Evita, "Transfigurada en mito, Evita era millones". Trataron de detener la primavera cortando todas las flores, pero se olvidaron que volvíamos a reflorecer.



Bibliografía
"Esa mujer" Walsh
"Cabecita Negra"  Germán Rozenmarcher
"La señora muerta" David Viñas
"Casa Tomada" Julio Cortázar
"El simulacro" Borges
"Evita, una tumba sin paz" documental de Tristán Bauer

Escrito Propio #2: Futuro por pasado

Un anuncio preliminar(que no tiene casi nada que ver): estoy ultra encapsulada con otros proyectos que reduje increíblemente mis tiempos de lectura, por eso no están viendo por acá muchas reseñas, la verdad. Voy a tratar de hacer una entrada sobre Operación Masacre, mi lectura actual, cuando lo termine. Es increíble el análisis que voy teniendo mientra lo leo.  Dentro de un poquito(Bah, cuando  esto se esté publicando)  voy a cursar un taller de escritura creativa muy bonito para poder ver hasta dónde pueden florecer mis habilidades(? No sé, también va a influir esto de tener una periodicidad  y un ritmo. Yo divago banda, entonces tener horarios y bloques me re ayuda para realizar proyectos y metas.

Creo que este es el tercer escrito que publico por estos lares, tenía ganas de subir algo como esto. Debo de admitir que hay algunas cosas que no me cierran del todo pero creo que es cuestión de practica y de tiempo. Así que lo que van a leer es la versión que tengo hasta la fecha.

 El texto/cuento breve nace de la noticia de la baja en la matrícula de mi colegio(uno monstruo, tipo cursamos como 2500 personas), muchxs se tuvieron que cambiar de turno o incluso, en los peores casos, dejaron el colegio para irse a trabajar. El año pasado había sucedido algo parecido pero fueron muchos menos, les juro que fue drástica la baja. Escuchar eso en la reunión plenaria me sumió en una profunda tristeza. Mi secundaria era una de las muchas de las que iban/van a sufrir el cierre de la sec. para adultos, el FINES. Pongo la barra en el tiempo verbal porque todavía eso se está debatiendo... No sé a ustedes, pero a mi me re moviliza que un montón pierdan el derecho de estudiar. Me moviliza, me entristece y me enoja. Todo al mismo tiempo. La educación NO es negociable y tampoco se debe recortar.







Futuro por pasado


 Escucho el chirrido de las sillas, ¿lo recordás? Cambió, es diferente. Veo los pasillos cada vez menos intervenidos, cada vez más ajenos, ¿los recordás? ¿Podés recordar también el poluleo de los soñadores en el horario de cursada? Ya no es como antes, acá hay algo que no es nuevo porque tiene mucho olor a viejo, a algo que ya sufrimos.

 Recuerdo en los ojos la alegría, muchos destellos de corazones abiertos y brillos como los que trae el progreso. Tengo que decírtelo: ya no los veo. Sí, ya sé que hay corazones abiertos, alegría y algún que otro progreso, pero no es lo mismo: acá eso no vibra en todos los corazones ni se muestra en todos los ojos, menos continuamente, menos aún todos al mismo tiempo. Me encantaba recorrer los pasillos y encontrar que todos los ojos estaban brillando y emanaban esos tres condimentos fundamentales: progreso, corazón abierto y alegría.

 ¿Qué pasó que perdimos todo eso? ¿Qué pasó con las sillas que ya no chirrean, con los pasillos que se volvieron ajenos? ¿Y qué pasó con la alegría? Que no nos la quiten, que no terminen de hacerlo. ¿Qué pasó con todas las otras cosas? El bullicio feliz de los intermedios, la música compartida que salía de los equipos y de los corazones. ¿Qué pasó con todo eso? Compañeros, nos han robado a mano armada y no están ni presos ni muertos. Nos han robado la alegría y nos han robado el futuro, pero ni siquiera tienen sanción. ¿Media falta? ¿Amonestación? ¿Llamado de atención? Nada, ni un poco.

 A nosotros nos encarcelan, nos llevan si hacemos robos nimios comparados con los que hacen ellos. Si llegamos tarde a una clase, nos pasan media falta, pero si ellos llegan tarde a una paritaria, no pasa nada. Si insultamos, nos amonestan, pero a ellos ¿quién los amonesta cuando nos insultan la dignidad? Exacto, nadie. Y cuando de todo esto nos damos cuenta, ¿qué más queda? Un llamado de atención, algo masivo donde el pueblo esté. Y eso ni siquiera funciona porque lejos de ser escuchados, nos declaran sin voz ni voto. En este momento somos subversivos, y entonces, en vez de palabras y diálogos, llegan gritos, pero son de terror y son nuestros porque llegan camiones, motos y palos que no reprimen las mentiras ni las  traiciones, nos reprimen los cuerpos, los sueños y las voces.
 No, definitivamente nada es lo mismo. Todo cambió cuando de a poco se fueron vaciando las sillas a mi lado y ya no se sintieron ni las alegrías ni los chirridos ni los bullicios.

 De a poco, nuestras escuelas se fueron vaciando por necesidades insatisfechas que a la larga nos entierran el futuro.  Sueños hechos trizas. Sueños muy altos que se fundieron en una pila de platos. Sueños que se drenaron en alcohol de la misma forma en la que se está drenando nuestra educación.

Acá se respira pasado. Se huele el granero, pero ¡ojo! No cualquiera: el granero del mundo. Porque si algo bueno hay en todo esto, es que, finalmente, a pesar de todo, como anhelamos desde hace tiempo, volvimos al mundo: vendemos hasta nuestros limones… Ah, no, pará:  eso tampoco. 





Espero que les haya gustado.
Nati
<3


Miércoles Random: Escrito Propio: Carta abierta para el Estado argentino

Escrito realizado para Introducción a la Comunicación de 4to año de una escuela secundaria pública del conurbano bonaerense durante Julio de 2017: 

Carta abierta para el Estado argentino

Me veo frustrada. Por primera vez en la vida me veo frustrada, ninguna frase motivacional  puede hacer que esto cambie. Tu voto, compatriota, sí lo puede hacer, las plataformas de gobierno, los gobernantes que elegiste. Me siento frustrada como tantos otros, tantos científicos, tanta gente capacitada…
Desde chica quise ser astronauta, el sueño persistió y estudié. Ahora en mi patria veo cómo me quedo sin sueños, cómo me sacan la posibilidad de trabajar para lo que estudié todos esos años. En vez de hacer crecer a la Nación y al mundo con conocimiento nuevo, tengo que lavar los platos (que, por cierto, cada vez son menos) en este restaurante. Y no porque “no estudié”, porque “soy una vaga que quiere ayuda del Estado”, no, por nada de eso. Estoy lavando acá porque el Estado, nuestro gobierno desde hace dos años, vendió ARSAT, desarmó  todos los proyectos para otros ARSATs encaminados, que hubieran emancipado al pueblo y nos hubieran alejado del Imperio. Pero claro, Macri junto a su equipo no quieren alejarse de éste. Al contrario. Lo demostraron con la deuda externa (que supera enormemente a la contraída por la dictadura militar), pero lo vuelve a demostrar cuando VENDE nuestra SOBERANÍA también en el espacio. La Argentina del cielo, del espacio (porque no es sólo lo terrenal) está en manos yanquis. Vos, todos los argentinos y yo, junto con nuestro destino estamos en manos de empresarios sometedores. ¿Cuántos sueños, como el mío, han sido frustrados por esta gente tan oligarca? ¿Cuántos talentos no van a ver la luz porque los precios y el costo de vida aumentan y aumentan mientras que los sueldos se estancan y por esto tienen que trabajar en condiciones precarias?  ¿A cuántos echaron por la falta de consumo? Aunque Macri, Massa y su equipo(el poder mediático y el poder judicial) nos vendieron, primero en Davos y luego con una seguidilla de  “cachetadas de loco”, tenemos que recordar que no llegaron ahí a la fuerza, como estamos acostumbrados los latinoamericanos. Sino que usaron el poder blando, y así de a poco, llenaron y enceguecieron a la población con odio y frivolidad.
Le pido a mi pueblo querido que no nos venda el futuro ni el espacio en el mundo. Yo, Marta Del Blanco, les pido que se informen y eviten la exclusividad de un monopolio, de una sola versión, porque así no sirve.
Saludo atentamente,  esperando un futuro con luz y buenas cosas, aunque el presente no lo haga esperar,

 Marta Del Blanco, astronauta frustrada (por tu voto y un plan neoliberal)

"Nadie nunca logró nada rindiéndose" Frase motivacional que a Marta no le vendría bien. No resolverá sus problemas, para nada.  

Aniversario 3 años del blog #2: Escrito Propio, Tiempos de Revolución

¡Hola, gente! ¿Cómo andan? Yo re entusiasmada con todo este maratón. Esta es la segunda entrada del aniversario y tenía muchas ganas de mostrarles algo de lo que yo escribo. En mi presentación dice que además de ser lectora y blogger,  soy también una escritora en proceso; pero ustedes nunca habían tenido la posibilidad de leerme. Con esta excusa, les dejo Tiempos de Revolución, un relato fantástico que escribí  a fines del año pasado para el cole. Me encantaría saber qué les parece y si les gustó. ¡Me encantaría recibir sus criticas constructivas(como suelen hacer la gran parte ustedes los re loveo) en los comentarios!





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Tiempos de Revolución

 La sala estaba en la penumbra, sólo se podía ver con claridad el lugar donde el foco apuntaba. Este
punto era, fríamente calculado, el espacio donde descansaba el libro: encima de las piernas del
escuálido hombre que en sus ratos libres leía policiales. Nunca buscaba la razón de elegir sólo ese
género, pero los que lo conocían (como su esposa, con la que hace años no tenía una relación
cercana, a pesar de vivir en el mismo departamento.) pueden ratificarme cuando digo, que lo hacía
porque necesitaba salir de esa aburrida monotonía, en la que se había convertido su vida. ¿Qué
había pasado con aquel revolucionario del pelo suelto?¿Que pasó con el chico que vestía Oxfords,
escuchaba punk y levantaba las banderas de El Che?
 La única manera de revivirlo de alguna forma, por unos mínimos instantes, era la literatura. Los
policiales tenían esa magia de incitarlo a encontrar al culpable y darle su merecido, o que, en su
defecto, se lo den sus personajes a lo largo de la novela.
 Tenía tantas ganas de recobrar la emoción y la vivacidad de su juventud revolucionaria, que cada
vez que leía necesitaba parar un momento, respirar y acordarse que esas cosas no iban a ser posibles
para él. Por lo menos no en esta vida.
Para ahogar sus recónditos deseos esta semana, se había sumergido en una lectura muy apasionante
que reclamaba toda su atención. Los dos hermanos, planeando cada detalle de la forma más
inalterable posible, podían hacer que nuestro sujeto se adentre en la historia y trate de adivinar el
final cada dos párrafos invariablemente. Y también que, cada cierto número de páginas, su
innegable amor por la hermana del protagonista, planeadora del fríamente calculado asesinato, no
deje de crecer. El riesgo de morir por el que estaban atravesando los hermanos acrecentaba la
lucha. El lector que había comprado a la familia de los protagonistas para tener un pequeño disfrute
y luego abandonarlos, destrozando su historia en el ardor de las llamas del cruel invierno, estaba
inmerso en su lectura.
Las páginas avanzaban y el lector empedernido se adentraba cada vez más en la historia hasta el
punto que podía oír las voces de los personajes y podía ver cada detalle del lugar.

-Entrar por la puerta principal es inseguro.- dijo Carla.
-Pero es la mejor forma de pasar desapercibidos. Entrar por la puerta de servicio nos conducirá
muy fácilmente a una emboscada con un portero o con alguien que pueda tener sospechas. La
forma más segura para ambos, sería esta: entrar por la puerta principal y actuar con normalidad,
olvidando por un momento nuestro plan. El edificio cuenta con tres plantas y la planta baja.
Sabemos el nombre de nuestro objetivo, así que diré que fui por un trabajo urgente de la oficina, si
me preguntan. Y subiré hasta el tercer piso, actuaré como uno de <ellos> y cuando llegue, entraré.
-Te olvidaste del plural, Juan. Tenes que acordarte que yo también quiero ajusticiar nuestra
historia y que no muera de esa forma.
-No me he olvidado del plural, Carla. No vas a entrar. Tenes que quedarte afuera, en el auto, por si
surge algo en el momento, por si después de-Juan miró detalladamente alrededor para asegurarse
de que su mujer no había entrado en su pocilga mientras estaban hablando- ejecutar nuestro plan,
necesitamos huir rápido.
-Está bien. Ahora, vestíte. Yo me voy a arreglar y preparo el auto, mientras tanto. Por favor,
recordá que tu esposa no puede saber nada de esto.

El misterio lo inundaba, en unos pocos capítulos sabría cómo terminaría la historia. Su esposa le
había preparado una taza de café, la había dejado en la mesa ratona que tenía a su lado, pero él no
podía precisar cuándo. Se lo tomó en dos tragos y lo embargó el sueño, haciendo que se debata
entre seguir leyendo o dormir un rato. La poca distancia que lo separaba del desenlace hizo que
rápidamente agarrara el libro nuevamente y continuará la lectura.

 -Ya vuelvo, corazón-le dijo Juan a su esposa, mientras estaba saliendo de su hogar.
 Carla lo estaba esperando en el auto. El viaje fue corto. Los nervios acortaron aún más el viaje.
Juan estaba por cerrar la puerta del coche y predisponiéndose para llevar a cabo su plan, cuando
Carla le preguntó:“¿Estás seguro de que si hacemos esto sobreviviremos? Me da miedo que nos
estemos equivocando.”
 El ataque de furia que tuvo Juan en ese momento, sólo lo puedo explicar diciendo que él tenía la
misma duda, pero no quería perder la única seguridad que tenía su hermana menor: él era el único
que nunca le haría daño a la familia. Y aunque en el fondo tenga dudas, la imagen de seguridad
que estuvo representando para su hermana desde que su padre los había abandonado, no se podía
resquebrajar ni un poco. Así que le dijo: “Obviamente, estoy seguro. Esta es la mejor forma que
tenemos para subsistir.”; Carla recibió la seguridad de la voz de su hermano y asintió en modo de
aprobación.
 -Sólo tené cuidado y hacelo rápido, sin que sufra. No es su culpa; el sistema fue el que hizo que sea
infiel a sus ideales revolucionarios.
 -Esta bien. Como tú digas, querida.
 Respiró profundamente, puso su mejor sonrisa y entró. El recepcionista del edificio le preguntó a
quién buscaba y él contestó cordialmente, explicando sus razones con ese aire arrogante que había
aprendido a imitar de todos los de la clase de su objetivo. Lo dejó entrar, convencido de su
oficialidad.
 Juan tomó el camino de las escaleras, ya que el ascensor estaba roto. Abrió la puerta con
delicadeza, los confiados habitantes la habían dejado abierta. Fue hasta la biblioteca, la puerta
estaba medio entreabierta, lo vio tal cómo se lo había imaginado: sentado en un cómodo sillón,
con las gafas puestas, con su suéter bien planchado puesto y con la luz acondicionando el
ambiente. Se acercó y murmuró “Cerdo explotador...” con el cuchillo a pocos centímetros de la
yugular.
 Y con una extraña sensación en el cuello, cercana a la yugular, abrió los ojos en la selva cubana, en
los tiempos de revolución.

Natalia Bocija 
Noviembre 2016
✺✺✺✺✺✺✺✺✺✺✺✺✺✺✺✺✺

Eso fue todo. ¿Qué les pareció?¿Les gustaría que ponga más escritos míos?
 ¡Los veo en los comentarios(como les dije más arriba)! Si todavía no me siguen, ¡¿qué esperan para hacerlo?! Es gratis ;) Y no saben el favor que me hacen :D
¡Nos leemos!





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